viernes, 18 de enero de 2013

En un festival de jazz


Jueves 22 de marzo de 2012

No se si sea buena idea escribir esto, pero me siento extraño y la verdad tengo esa necesidad de escribirlo.

El sábado pasado fui al teatro por que iban a clausurar ‘’Humedales, el segundo festival de jazz en Tabasco’’. La verdad no se por que iba, la neta me gusta el jazz pero no le entiendo mucho, no se por que iba por que la verdad nadie quería ir conmigo y tuve que ir solo, y la neta no se por que iba, aparte ya era tarde y yo no sabía cuanto iba a tardar eso y no se por que iba si no tenía dinero. Pues al llegar al teatro vi que había gente, no tanta pero más que lo normal si había, me dije para mi mismo que a lo mejor el teatro esta vez si se llenaría. Me quedé mirando la parte de arriba y luego la parte de debajo del teatro. Las butacas todas rojas. En el escenario un piano gigante, una batería, muchos micrófonos. De pronto al volver a ver el piano gigante supe porque estaba yo allí.

Arriba no me voy a sentar, me dije, porque él siempre se sienta arriba, a lo mejor desde arriba veía mejor. En mis manos tenía un programa que ni cuenta me di a que hora me lo dieron. Entonces decidí sentarme en la primera fila, en la primera silla de las butacas de en medio de lado derecho. Me puse al leer el programa. Yo sabía que él había tocado el primer día del festival porque lo había leído en el periódico, leí su nombre y sonreí. También sabía que el tocaba jazz, siempre lo supe, desde que lo vi por primera vez antes de saber que él iba a ser mi maestro. Las personas llegaban y se sentaban y volvían a llegar. ¿En serio solo iba para ver si existía esa remota posibilidad de verlo? No quise pensar en ese momento en eso. Un señor con una especie de boina se sentó a lado mío. Mascaba chicle como loco. Le temblaban las manos como si de los chicles dependiera su vida. Pasaron cosas, cosas que no importaban. Las personas preguntaban ‘’ ¿Está ocupado?’’, preguntaron y preguntaron y todas las preguntas eran preguntas tontas, sin sentido. ¿Está ocupado? Voltee al instante. Era su voz. No puede ser, él nunca se sienta en las butacas de abajo, que mierda. Voltee y era él. Coño, algo me pasó, algo sentí, fue algo cerca de mi estomago, el páncreas o el hígado, quién sabe. Pero el corazón no era, el corazón nunca era. De pronto mis pies empezaron a moverse, a moverse como lo hace toda la gente, con esa desesperación de que ya acabe algo que aun no había comenzado.

Lo vi un segundo, todo, me lo memoricé por que jamás volvería a voltear a verlo. Me puse a leer el programa como por novena vez. Las primeras hojas me las salteé por que su nombre estaba allí. No puede ser. De pronto el tiempo pasó lento a propósito. No puede ser. Pero así era, no voy a voltear. ¿Será que me vio? Obviamente me ha de haber visto por que andaba buscando lugar. ¿Será? No sé, me gusta pensar que me vio, él era raro, no éramos anda, nunca fuimos nada, nunca supo nada, pero a mi me encantaba soñar, imaginar que sí. Lo sé: doy asco.

Me quedé mirando el piano, no iba a voltear, el piano estaba justo en frente de mí. Tengo tanta fuerza de voluntad que no voltee a ver. El piano con todas sus teclas, blancas y negras, sus pedales color oro, y su caja de resonancia, se le veían las cuerdas en el reflejo y de pronto pasó delante de mi. Pasó y me desconcentró y lo seguí con la mirada, y se sentó dos asientos después de mi. ¡Madres! ¿Cómo ignorarlo ahora? Dios, sácame de aquí. A partir de ese momento no pude dejar de no verlo, lo veía disimuladamente, trate de verlo por el reflejo del piano o de la batería, pero era imposible. Traté de verlo a través del programa y lo vi, de perfil, sus ojos saltones que tanto miraban mis manos. Sus manos, las miré, las reconocí, ya me las sabía de memoria. Vi en mi mente su carro. No. Ya no. Y dieron la tercera llamada, y cada que tocaban algo y cada de aplaudían lo quería ver, lo veía por que a lo mejor no lo iba a volver a mirar nunca. ¿Pero por qué no me vio? ¿Me vio acaso? Ay no. ¿Por qué Dios? Yo no quiero enamorarme de él, no quise enamorarme por eso me salí de la escuela de música, por eso y más pero en mi subconsciente él fue la razón mas fuerte. Soy tan invisible midiendo 1.80. Quizás. Me voy a salir, no aguanto más. Me voy, casi salí corriendo del teatro y la gente yo creo que pensó que iba al baño no sé. Corrí y corrí.



Me encontré esto escrito, por ahí, por aquí.