lunes, 14 de octubre de 2013

LOS APANDADOS


Víctor Daniel Jiménez Pérez

“En la memoria de Polonio la palabra nadien se había clavado, insólita, singular, como si fuese la suma de un número infinito de significaciones. Nadien, este plural triste. De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien.”
—         El Apando - José Revueltas

Si hubo un escritor, guionista y activista político que se encargara de defender lo que se consideraban para algunos las mejores causas democráticas fue José Revueltas. En el pensamiento revolucionario de José Revueltas se construye, con una entregada pasión por los sucesos que con extravíos y profundo resentimiento marcan parte de la historia en México.

Era identificado como un hombre total y radicalmente de izquierda perteneciente al Partido Comunista y siempre apoyando a los diversos movimientos sociales que padecía México en aquella época. Esta mente crítica llena de sentires revolucionarios y de justicia lo llevó muchas veces a ser  encarcelado, desde estar rodeado de “Los muros de agua”, hasta ser un apandado en Lecumberri.

Lecumberri, ubicada en la Ciudad de México fue una penitenciaría que sirvió hasta el año de 1976, era conocido como el famoso “Palacio negro” llamado así por las condiciones miserables en la que trataban de vivir los presos. Allí José Revueltas sufrió el último de sus encierros cuando decidiera unirse al movimiento estudiantil de 1968 llegando a ser considerado líder intelectual.

Es aquí, en este encierro que toma a Lecumberri como la escenografía cruda para poder escribir El Apando, texto que desde sus primeras líneas hasta el último punto expresa la experiencia carcelaria mexicana.

El sistema carcelario sería la forma de representar y hacer valer al poder, la miseria, la drogadicción, la sangre, las violaciones a los derechos y al cuerpo, son factores de este régimen que va carcomiendo el sentido humano y social del individuo y es aquí donde es puesto el texto de José Revueltas con mira a la crítica social y siempre teniendo un gran compromiso literario.

Revueltas era un luchador social nato que se esmeraba por escribir de lo sufrido y lo hacía de la manera más cruda, no para dar una lección sino para demostrar que existía otra cara de la moneda, no para informar sino para reclamar que existía otro tipo de historias en otro tipo México que las que se contaban y se veían.

En El Apando se expone de manera fuerte y cruda la situación por la que estaba pasando México en los años 60’s, expresa las condiciones de castigo y vida de los presos políticos, era una de las primeras veces donde se involucraba el ámbito humano en un nuevo tipo de contexto social dentro de la literatura mexicana acompañada con una prosa característica e intensa  que a veces resultaba enredada y complicada, lo que algunos pudieran percibir como debilidades, pero siempre con un uso del lenguaje literario poderoso, casi preciado y perfecto.

El nombre de la novela se deriva de cómo era llamada la celda donde castigaban a los presos, es así como El Apando se convierte desgraciadamente en el lugar donde el castigo sin misericordia se hacía presente y en una de las novelas más importantes de José Revueltas.

Algo muy característico de esta obra y de la prosa con la cual se escribió entre 1968  y 1969, era que no sabías a lo que te enfrentabas al leerlo ya que el concepto lineal de la narrativa desaparece, nunca presentías qué era lo que venía en la siguiente oración por tantos cambios y giros bruscos, pero lo que sí sabías con toda seguridad es que era algo muy profundo.

Revueltas utiliza la tinta con toda intención para testificar la miseria de lo humano, no el sentido del mensaje, sino el de denuncia. Entintó lo urbano al mismo tiempo que lo social y utilizó las cárceles y las hizo parte de la literatura.

La intención de esta novela corta se tomó como un atento aviso para decir por qué se escribía en aquella época de esa manera, y por qué lo habría hecho así José Revueltas. Se escribiría así entonces, para demostrar que los mansos pasos que aplastan y desfilan por el mundo no son breves ni minúsculos. Porque si nos apandan, vale la pena armarnos de letras. Y porque con la libertad no se juega.

En 1975 la novela fue llevada al cine en  manos de Felipe Cazals. Era una de las primeras veces donde un texto como el de José Revueltas con una crítica enorme al sistema era llevado al cine, lo que produjo tensión, donde se mostraba sin más, otro panorama, uno más real, donde la realidad paralela convergía y se enlazaba dejando ver un país desmoronado y desnaturalizado en muchos de los aspectos de la vida.

Tanto José Revueltas como escritor y Felipe Cazals como director muestran un tipo de personaje literario y visual: el rebelde. En ambos casos el rebelde siempre se encuentra con muchos problemas y barreras que lo hacen víctima y supuesto victimario al mismo tiempo, envueltos en una realidad donde prácticamente se despojan los valores humanos, olvidando por completo el sentido de ser libres algún día y aferrándose a lo único que pueden logar: sobrevivir.

El rebelde hace caso omiso a su condición humana y social, la cárcel no solamente les quita la libertad, sino les quita su nombre propio, un trozo de identidad y de civilidad puesto que la condena impuesta sirve para desnaturalizados un poco más, porque desnaturalizados ya están, esperando la muerte como si fueran ganado en un rastro: “La cabeza - de El Carajo - separada del tronco, guillotinada y viva con su único ojo que giraba en redondo, desesperado, en la misma forma en que lo hacen las reses cuando se las derriba en tierra y saben que van a morir, desató desde el principio en Meche y La Chata un furor enloquecido”.

El Apando refleja mucho la violencia con respecto a un tema muy importante para el país en los años 60’s: el uso de la represión para mantener el orden a través de la violencia y la ley en el encarcelamiento.

Presos del sistema, engañados por los poderosos que siempre mienten, dicen y hacen lo conveniente, solamente sonríen y asienten y condenan: nos mienten. Y ya presos en estas mentiras en la que todos somos pero nadie es, nos apañan dentro de rejas y barrotes sociales en las que fingimos movernos continuamente pero sin cambiar de lugar, y ya dentro si gritamos, si tratamos de cambiar lo impiden metiendo tubos por cada reja, acortando el espacio, entre más tubos menos espacio y entre menos espacio menos movimiento, así lo deja ver Felipe Cazals en la película, de una forma tan cruda para decirnos que no hacen faltan los barrotes, que ya vivimos apandados en un suplicio en el que ni siquiera sabemos que estamos, estar preso es no tener sentido ni sentidos, no escuchar, no velar, ser indolente desde la punta de los dedos de las manos hasta los pies, no tener ni sístole ni diástole, pero mucho más feo que eso es no poder pensar, comportarnos como marionetas y ver y sentir lo que los poderosos dicen, para no asustarnos con la verdad, para no quedar mal, para ser un apandado y no saber que se es.

Los Apandados, tanto la novela como la película son dos elementos artísticos que duele cuando lo lees y duele después de verla.

Esta película da como resultado una posibilidad de acceder a la literatura de Revueltas pero con los elementos visuales de Cazals, son estructuras artísticas que juntas  dan un resultado peculiar en el que, como atinadamente se ha dicho, lo cruel de las miradas, lo crudo de la sangre y hasta el olor de la peste, se vive aún dentro del ambiente realista de “El Apando”, que refleja en imágenes un país fecundo y condenado a incurrir en la pena eterna del sufrimiento infernal teniendo una referencia moral en contra del sistema, del poder y del régimen.

En todos los elementos visuales se puede entrever muchos rasgos de corrupción y escases y habremos de ver entonces que el condenamiento injusto, tiene algo de mansa verdad en los castigos de una sociedad. Habla del amor de madre, de esas que apenas sonríen con dulzura porque se está triste y el cabello lo sabe porque empieza a encanecer, de las que tienen las piernas como cerradas por un gran secreto.

La historia girará entonces en una sociedad que reprime, censura, castiga y calla, en una celda de castigo donde Polonio, Albino y El Carajo viven más prisioneros que cualquier preso, conviviendo con los carceleros que aún no se han dado cuenta que también están encarcelados: “Monos, achimonos, estúpidos, viles e inocentes, con la inocencia de una puta de diez años de edad. Tan estúpidos como para no darse cuenta que los monos eran ellos y no nadie más, con todo y sus madres y sus hijos y los padres de sus padres. Se sabían hechos para vigilar, espiar y mirar en derredor, con el fin de que nadie pudiera salir de sus manos, ni de aquella ciudad y aquellas calles multiplicadas por todas partes…”.

Y así, todos los apandados buscarán evadir la realidad mediante la droga, como esta cosa que dará bienestar y placer que los dejará ser libres aun cuando estén encadenados.

“El Apando”, la película, hace temblar el preciso instante en que culmina, una sola mirada que no se puede leer, es la expresión del dolor que nadie siente, porque el dolor no tiene cara, solo llega, está allí, se siente pero no se puede expresar aunque  solo se quede parada, sola y sufriendo.

Considero nula la opción de que la película no cumpla los mismos trazos que el libro, incluso se sabe que es un trabajo acertado cuando en efecto, el filme arroja una visión ponderada y con suficientes matices para imponer una sentencia inapelable a los sentenciados.

No puedo terminar estas líneas sin mencionar que José Revueltas no sólo creó una historia más con su particular prosa, sino que volvió visible y le dio una voz pública al complicado sistema carcelario de aquella época, abriéndose camino así ya no solamente como el hombre con la reencarnación misma de la rebeldía, sino como al hombre rebelde en sus actos y revuelto en sus letras.




jueves, 7 de marzo de 2013

Estando los estados emocionales todos revueltos


A veces hago cosas de tal forma que me asusto terriblemente. Incluso ahora estoy asustado de correr, y más que asustado un poco desconcentrado pues yo pensé que me conocía bien, pero no, hoy sé que a pesar de todos los datos, los nombres, las fechas, los libros y esas cosas que siempre voy a ignorar y que debo cargar con esa pesadez que deja la ignorancia invernal, también tengo que aguantarme esa sensación de ni siquiera conocerme yo.

Porque eso de verdad que me deprime un poco, pues si algo debes de conocer a la perfección en ese mundo y a pesar de cualquier cosa, es a ti mismo, a mi parecer. Pero las personas hacemos cada cosa, pensamos cada situación, tomamos decisiones en ciertas ocasiones que hacen que nos desconozcamos, y por tanto entristecernos. Y no es que me deprima el no saberme como soy, sino me agobia el hecho de pensar que lo sé, cuando no es así,  es como elevar en tu interior un edificio hecho de puras líneas paralelas que nunca se van a tocar, y que con el paso del tiempo se van alzando y creando pisos, uno, dos, tres, y se siguen elevando y creando más pisos, uno tras otro y tras otro, incluso más alto que hasta parece un rascacielos que de pronto, sin siquiera pensarlo, una línea recta converge, y arruina todo el sistema arquitectónico que creías construir a la perfección dejando el desasosiego del edificio de tu interior mal construido.

El amor verdadero es aquel que te deja un dolor placentero en el interior que hace que el edificio se caiga a pedazos y te corte las manos. Porque enamorarte es una especie de acto, que dura un segundo, si, eso dura, solo un segundo basta, es como construir un edificio y mira que para construir edificios hay muchas maneras de hacerlo. Construir castillos en el mar, para que cuando la marea suba se destruya todo lo que con ayuda de tus manos y espuma de mar, arena salada y sudor veraniego, construiste, solo en un segundo se va, se fue. Por otro lado, contratar a un arquitecto y que él con toda la gente que conoce y con la cual se relaciona es su estrecho mundo arquitectónico y a la que le da de comer, como lo hacen las gaviotas, masticando y masticando su alimento, que luego escupen en la cara a los pollos, qué culpa tienen los pollos, que culpa tienen los albañiles bajo el sol, cargando cubetas de tierra, construyendo una casa que no van a vivir, sueños de otros sueños de otros mundo y en otras tierras.

Puedes ir caminando por la calle y ver a alguien a los ojos y enamorarte estúpidamente sabiendo que jamás vas a volver a verla en la vida. O puedes ir al trabajo y enamorarte de tu jefe y no decir nada, sonreírle, llevarle el café a la cama (pero la realidad es que le llevas en café a su oficina) y quedarte horas extras para verlo y recibir ordenes que con el gusto exquisito del masoquismo laboral e infernal cumples con placer sentimental, y guardarte ese sentimiento que va tejiendo pensamientos que, si los guardas mucho tiempo tienden a crecer, y crecer, a mezclarse y luego empiezan a salirse de ti, y se salen sin permiso por el lagrimal de tus ojos, los vomitas por la boca y te los tragas dejando un sabor amargo al pasar de nuevo a tu estómago que en la noche, en tu casa los irías a defecar en la gloriosidad de tu espacio intimo y personal, defecando amor que nunca vas a admitir o tener y viceversa.

O puedes simplemente enamorarte de tu mejor amigo, cosa que sencillamente resulta ser mala idea pues son como dos mundos que se chocan al pasar muy juntos, son dos estructuras muy distintas, que bien podrían ser una casa barroca y un edificio minimalista que al verse juntos, y compartir lo que en sustancia son lo mismo (simples estructuras arquitectónicas), lucen distinto, que te duelen verlos juntos porque no deben de estar juntos, piedras falsas contra piedras que pretenden servir para lo que por concepto están existiendo y que no pueden amarse, es antinatural pues en ese aspecto del amor incondicional nadie debe de meter sus manos, porque es como una estufa que da calor, que sirve para calentar agua que no puedes disfrutar en tiempo de frio, o cocinar alguna cena que no puedes comer, dejando el desazón de la amargura que te lleva a otros lugares distintos con gente mala, alejándote de los que te hacen bien, disfrutando (según) un ambiente distinto al tuyo con nuevas flores que si las tocas se quiebran, queriendo regresar y que al hacerlo encuentras la casa barroca y el edificio minimalista destruidos, encimados, como si alguien los hubiera agarrado, metido en una caja de zapatos y agitado con tal fuerza que queda una especie de masa que nunca vas a volver a poder armar como antes, nunca más.

Enamórate de tu madre que desde chico te dijo que te quedaras en casa, que nunca te fueras de su lado, que nunca fueras una paloma y que te cortaba las alas de vez en cuando para que no volaras. Porque así es ese amor, es el más puro y el incondicional, que en medio del trafico si te vas se enojan y que te hecha la culpa de que si llueve y te mojas, es culpa de ella aunque toda la culpa recae siempre en ti, por no llevar el paraguas que no hay porque no tenemos dinero Víctor, pero es tu culpa venir mojado. A ese amor aférrate todos los días, y que te absorba y que te mate porque si mueres por ese amor de seguro vuelves a renacer al segundo siguiente con todos tus recuerdos, eso se asegura, porque si tocas las flores que te da ese único amor existente esas flores se multiplican y si no lo hacen tiran esporas que se te meten por la nariz y llegan hasta tu mente y te hacen cosquillas en la barbilla que te hacen estornudar y allí salen todas las flores que no se multiplicaron de una manera tan exagerada, porque así es ese tipo de amor, del de no te vayas nunca porque eres mi todo, pero te tienes que ir algún día y me dejarás sola, vete Víctor, vete, pero no me dejes nunca. Enamórate de tu madre y que te valga madres Edipo y toda la dinastía de relatos que según otros son un sistema de explicaciones, de explicarte para que expliques, aunque no sepan nada de nada pero ellos te explican lo que debe ser explicado, y es una de explicaciones que a nadie le importa pero que si importan al final, los papeles, las copias, las explicaciones, los collares, los aretes, guárdalos junto con las fotos y las explicaciones de cómo cocinar el arroz para que si un día no estoy Víctor, no te vayas a morir de hambre y recoge esos zapatos que dejaste en la puerta porque eso es amor, del que no construye edificios con alguna forma y valor definidos, pues no existe tal manera material de representarlos, ni tal fuerza en las letras para transmitirlo, pues los miércoles son miércoles y nunca se van a repetir, ni ese ni este ni otro, ni este tipo de amor.
O puedes caer en manos del amor de tu vida, con el que nunca vas a tener seguro nada porque seguro nunca vas a saber en qué momento llega, te dice hola y se va, te lo dice en inglés para que no le entiendas y te susurra que quieres que duermas con él, a su lado, en francés para burlarse de ti, frases que no entenderás, que tendrás que pedir explicaciones como todo en la vida, y otra vez un hola y caras felices porque no está a tu lado, y luego se va y llega alguien más, y llega otra vez el amor de tu vida porque los amores de la vida de una persona son idénticos, eso pasa como cuando nacen gemelos que son idénticos, que son niños y que tiene ojos cafés, pero te fijas en uno solamente, en el ojo más café de los dos y te bebes ese café de los ojos, lo bebes tanto que no te deja ni dormir porque nunca los haz visto porque la tecnología te jugó una broma una vez y ahora no te deja salir de ella otra vez, y te tiene esperanzado en una espera que llega como a las nueve de la noche y se va en quince minutos, porque así es, porque hay que cocinar, pues el amor se cocina lentamente y luego se va el gas y eso siempre es un fastidio, es un monstro que llega te asusta, hace que el corazón se te salga como cuando agarras esos cigarrillos que hacen que te rías mucho y te vas al ver a las moscas volar tan cerca, y te sigues preguntando porqué sigues construyendo edificios gigantescos dentro de ti, si sabes de arquitectura lo que sabes de cocina, y esperas al cocinero que no llega y le dices que lo quieres aunque sea la primera vez que lo veas, pero la primera vez será en cuatro años le aseguro sabiendo que en menos de cuatro meses va a llegar el amor de mi vida de nuevo y todo va a volver a empezar pero que este me avise, me mande un mensaje o un correo, o al menos me diga en persona que él me compra los cigarrillos pero que no me aleje de su lado, nunca más, porque los cigarros son formas suicidas de vidas paralelas que han pasado años hasta que mueren por la llama que les quema la puntita dándoles vida y sentido, mismo que desencadena un ir y venir de espirales, de exhalaciones, de humedales y pensamientos para pasar el tiempo, al menos, esas señales se pueden leer en mis ojos, porque soy fácil, viendo como allá, en el quinto piso bajando el ascensor está en amor de mi vida, por eso estoy aquí, sentado, escribiendo, esperando que baje, porque ya va en el piso cuatro, en el tres, dos diccionarios, un corazón y antes de que se abra el elevador me doy la vuelta y corro, porque como dije al principio, esto asustado, muy asustado de los poemas, de contemporáneos que no conozco, de mis pies que están cansados, de los recuerdos de todos los que me agobian y no me dejan respirar y por eso no veo quien sale de ese ascensor o quién viaja en ese avión, y solamente salgo corriendo tratando de que ninguna línea se salga de su rutina, porque es mejor construir algo recto que vivir entre curvas y circuirlos que nunca tienen final, sabiendo que si me hablas en francés voy a recordar esa frase, o si me quieres mucho yo no te quiero nada, pero nadita, y sino me quieres yo te doy mi todo, porque empecé a leer la biblia por ti y Jesús me ayudaba a alzar mi cornamenta, pero luego se burló de mi y por eso se empolva de nuevo, con mis viejos recuerdos, y suena el elevador y bajas el ascensor o aterriza tu avión, pero no volteo, porque tengo miedo y uno no debe voltear cuando está en ese estado (del miedo) o estando los estados emocionales todos revueltos.

martes, 12 de febrero de 2013

Harapiento

En un abrir y cerrar de ojos
te soltaste de mi mano,
y huiste a otros paisajes.

La ilusión aquí se paga
con la vida de los inocentes,
va lavando el pecado de los malos.

Mi ira se convierte en un llanto cansado
y me deja siendo otro,
me deja viejo y harapiento.

Escombro era, y escombro soy.

sábado, 2 de febrero de 2013


-¿Es tuyo? - me preguntó al leer el poema.
-Es del corazón - le quise responder, pero el corazón no escribe cosas tan tristes.

Yo y tus recuerdos

Cuando no te escribo es porque te estoy castigando,
aunque al hacerlo, también me estoy castigando a mi
                                                              me castigas bien feo.

Si yo no te escribo, tu no lo haces.
A mi me nace escribirte, te lo juro, me nace no sé de dónde pero me nace.
                                                              cobra vida.

Y eso me hace pensar que eres un cabrón,
no creo que no te acuerdes de mi en todo el pinche día,
como para agarrar tu puto celular, escribir un maldito ''Hola''
y darle enviar....

No creo que no pienses en mi en algún instante del día,
en la mañana cuando te cepillas los dientes, cuando desayunas,
o es que acaso ¿no piensas en mi cuando te vas a dormir?

Si yo todo el día estoy prácticamente pensando en ti.
Ya no soy solamente yo, soy yo y tus recuerdos.

viernes, 18 de enero de 2013

En un festival de jazz


Jueves 22 de marzo de 2012

No se si sea buena idea escribir esto, pero me siento extraño y la verdad tengo esa necesidad de escribirlo.

El sábado pasado fui al teatro por que iban a clausurar ‘’Humedales, el segundo festival de jazz en Tabasco’’. La verdad no se por que iba, la neta me gusta el jazz pero no le entiendo mucho, no se por que iba por que la verdad nadie quería ir conmigo y tuve que ir solo, y la neta no se por que iba, aparte ya era tarde y yo no sabía cuanto iba a tardar eso y no se por que iba si no tenía dinero. Pues al llegar al teatro vi que había gente, no tanta pero más que lo normal si había, me dije para mi mismo que a lo mejor el teatro esta vez si se llenaría. Me quedé mirando la parte de arriba y luego la parte de debajo del teatro. Las butacas todas rojas. En el escenario un piano gigante, una batería, muchos micrófonos. De pronto al volver a ver el piano gigante supe porque estaba yo allí.

Arriba no me voy a sentar, me dije, porque él siempre se sienta arriba, a lo mejor desde arriba veía mejor. En mis manos tenía un programa que ni cuenta me di a que hora me lo dieron. Entonces decidí sentarme en la primera fila, en la primera silla de las butacas de en medio de lado derecho. Me puse al leer el programa. Yo sabía que él había tocado el primer día del festival porque lo había leído en el periódico, leí su nombre y sonreí. También sabía que el tocaba jazz, siempre lo supe, desde que lo vi por primera vez antes de saber que él iba a ser mi maestro. Las personas llegaban y se sentaban y volvían a llegar. ¿En serio solo iba para ver si existía esa remota posibilidad de verlo? No quise pensar en ese momento en eso. Un señor con una especie de boina se sentó a lado mío. Mascaba chicle como loco. Le temblaban las manos como si de los chicles dependiera su vida. Pasaron cosas, cosas que no importaban. Las personas preguntaban ‘’ ¿Está ocupado?’’, preguntaron y preguntaron y todas las preguntas eran preguntas tontas, sin sentido. ¿Está ocupado? Voltee al instante. Era su voz. No puede ser, él nunca se sienta en las butacas de abajo, que mierda. Voltee y era él. Coño, algo me pasó, algo sentí, fue algo cerca de mi estomago, el páncreas o el hígado, quién sabe. Pero el corazón no era, el corazón nunca era. De pronto mis pies empezaron a moverse, a moverse como lo hace toda la gente, con esa desesperación de que ya acabe algo que aun no había comenzado.

Lo vi un segundo, todo, me lo memoricé por que jamás volvería a voltear a verlo. Me puse a leer el programa como por novena vez. Las primeras hojas me las salteé por que su nombre estaba allí. No puede ser. De pronto el tiempo pasó lento a propósito. No puede ser. Pero así era, no voy a voltear. ¿Será que me vio? Obviamente me ha de haber visto por que andaba buscando lugar. ¿Será? No sé, me gusta pensar que me vio, él era raro, no éramos anda, nunca fuimos nada, nunca supo nada, pero a mi me encantaba soñar, imaginar que sí. Lo sé: doy asco.

Me quedé mirando el piano, no iba a voltear, el piano estaba justo en frente de mí. Tengo tanta fuerza de voluntad que no voltee a ver. El piano con todas sus teclas, blancas y negras, sus pedales color oro, y su caja de resonancia, se le veían las cuerdas en el reflejo y de pronto pasó delante de mi. Pasó y me desconcentró y lo seguí con la mirada, y se sentó dos asientos después de mi. ¡Madres! ¿Cómo ignorarlo ahora? Dios, sácame de aquí. A partir de ese momento no pude dejar de no verlo, lo veía disimuladamente, trate de verlo por el reflejo del piano o de la batería, pero era imposible. Traté de verlo a través del programa y lo vi, de perfil, sus ojos saltones que tanto miraban mis manos. Sus manos, las miré, las reconocí, ya me las sabía de memoria. Vi en mi mente su carro. No. Ya no. Y dieron la tercera llamada, y cada que tocaban algo y cada de aplaudían lo quería ver, lo veía por que a lo mejor no lo iba a volver a mirar nunca. ¿Pero por qué no me vio? ¿Me vio acaso? Ay no. ¿Por qué Dios? Yo no quiero enamorarme de él, no quise enamorarme por eso me salí de la escuela de música, por eso y más pero en mi subconsciente él fue la razón mas fuerte. Soy tan invisible midiendo 1.80. Quizás. Me voy a salir, no aguanto más. Me voy, casi salí corriendo del teatro y la gente yo creo que pensó que iba al baño no sé. Corrí y corrí.



Me encontré esto escrito, por ahí, por aquí.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Parafraseando a Cortázar

¿Qué hago cuando me enamoro? Pierdo la cabeza, eso hago y me dedico a imaginar cómo sería. Cuando me rompen el corazón, lloro un poco, y luego un poco más y luego más y más, y sigo llorando. En que enamorarse significa también emborracharse y llorar de nuevo. Y que a diferencia de ti, yo lloro cuando tengo ganas de nada o cuando solamente tengo ganas y como hoy tengo ganas estoy llorando, y parafraseando a Cortázar y llorando un poco más.