lunes, 14 de octubre de 2013

LOS APANDADOS


Víctor Daniel Jiménez Pérez

“En la memoria de Polonio la palabra nadien se había clavado, insólita, singular, como si fuese la suma de un número infinito de significaciones. Nadien, este plural triste. De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien.”
—         El Apando - José Revueltas

Si hubo un escritor, guionista y activista político que se encargara de defender lo que se consideraban para algunos las mejores causas democráticas fue José Revueltas. En el pensamiento revolucionario de José Revueltas se construye, con una entregada pasión por los sucesos que con extravíos y profundo resentimiento marcan parte de la historia en México.

Era identificado como un hombre total y radicalmente de izquierda perteneciente al Partido Comunista y siempre apoyando a los diversos movimientos sociales que padecía México en aquella época. Esta mente crítica llena de sentires revolucionarios y de justicia lo llevó muchas veces a ser  encarcelado, desde estar rodeado de “Los muros de agua”, hasta ser un apandado en Lecumberri.

Lecumberri, ubicada en la Ciudad de México fue una penitenciaría que sirvió hasta el año de 1976, era conocido como el famoso “Palacio negro” llamado así por las condiciones miserables en la que trataban de vivir los presos. Allí José Revueltas sufrió el último de sus encierros cuando decidiera unirse al movimiento estudiantil de 1968 llegando a ser considerado líder intelectual.

Es aquí, en este encierro que toma a Lecumberri como la escenografía cruda para poder escribir El Apando, texto que desde sus primeras líneas hasta el último punto expresa la experiencia carcelaria mexicana.

El sistema carcelario sería la forma de representar y hacer valer al poder, la miseria, la drogadicción, la sangre, las violaciones a los derechos y al cuerpo, son factores de este régimen que va carcomiendo el sentido humano y social del individuo y es aquí donde es puesto el texto de José Revueltas con mira a la crítica social y siempre teniendo un gran compromiso literario.

Revueltas era un luchador social nato que se esmeraba por escribir de lo sufrido y lo hacía de la manera más cruda, no para dar una lección sino para demostrar que existía otra cara de la moneda, no para informar sino para reclamar que existía otro tipo de historias en otro tipo México que las que se contaban y se veían.

En El Apando se expone de manera fuerte y cruda la situación por la que estaba pasando México en los años 60’s, expresa las condiciones de castigo y vida de los presos políticos, era una de las primeras veces donde se involucraba el ámbito humano en un nuevo tipo de contexto social dentro de la literatura mexicana acompañada con una prosa característica e intensa  que a veces resultaba enredada y complicada, lo que algunos pudieran percibir como debilidades, pero siempre con un uso del lenguaje literario poderoso, casi preciado y perfecto.

El nombre de la novela se deriva de cómo era llamada la celda donde castigaban a los presos, es así como El Apando se convierte desgraciadamente en el lugar donde el castigo sin misericordia se hacía presente y en una de las novelas más importantes de José Revueltas.

Algo muy característico de esta obra y de la prosa con la cual se escribió entre 1968  y 1969, era que no sabías a lo que te enfrentabas al leerlo ya que el concepto lineal de la narrativa desaparece, nunca presentías qué era lo que venía en la siguiente oración por tantos cambios y giros bruscos, pero lo que sí sabías con toda seguridad es que era algo muy profundo.

Revueltas utiliza la tinta con toda intención para testificar la miseria de lo humano, no el sentido del mensaje, sino el de denuncia. Entintó lo urbano al mismo tiempo que lo social y utilizó las cárceles y las hizo parte de la literatura.

La intención de esta novela corta se tomó como un atento aviso para decir por qué se escribía en aquella época de esa manera, y por qué lo habría hecho así José Revueltas. Se escribiría así entonces, para demostrar que los mansos pasos que aplastan y desfilan por el mundo no son breves ni minúsculos. Porque si nos apandan, vale la pena armarnos de letras. Y porque con la libertad no se juega.

En 1975 la novela fue llevada al cine en  manos de Felipe Cazals. Era una de las primeras veces donde un texto como el de José Revueltas con una crítica enorme al sistema era llevado al cine, lo que produjo tensión, donde se mostraba sin más, otro panorama, uno más real, donde la realidad paralela convergía y se enlazaba dejando ver un país desmoronado y desnaturalizado en muchos de los aspectos de la vida.

Tanto José Revueltas como escritor y Felipe Cazals como director muestran un tipo de personaje literario y visual: el rebelde. En ambos casos el rebelde siempre se encuentra con muchos problemas y barreras que lo hacen víctima y supuesto victimario al mismo tiempo, envueltos en una realidad donde prácticamente se despojan los valores humanos, olvidando por completo el sentido de ser libres algún día y aferrándose a lo único que pueden logar: sobrevivir.

El rebelde hace caso omiso a su condición humana y social, la cárcel no solamente les quita la libertad, sino les quita su nombre propio, un trozo de identidad y de civilidad puesto que la condena impuesta sirve para desnaturalizados un poco más, porque desnaturalizados ya están, esperando la muerte como si fueran ganado en un rastro: “La cabeza - de El Carajo - separada del tronco, guillotinada y viva con su único ojo que giraba en redondo, desesperado, en la misma forma en que lo hacen las reses cuando se las derriba en tierra y saben que van a morir, desató desde el principio en Meche y La Chata un furor enloquecido”.

El Apando refleja mucho la violencia con respecto a un tema muy importante para el país en los años 60’s: el uso de la represión para mantener el orden a través de la violencia y la ley en el encarcelamiento.

Presos del sistema, engañados por los poderosos que siempre mienten, dicen y hacen lo conveniente, solamente sonríen y asienten y condenan: nos mienten. Y ya presos en estas mentiras en la que todos somos pero nadie es, nos apañan dentro de rejas y barrotes sociales en las que fingimos movernos continuamente pero sin cambiar de lugar, y ya dentro si gritamos, si tratamos de cambiar lo impiden metiendo tubos por cada reja, acortando el espacio, entre más tubos menos espacio y entre menos espacio menos movimiento, así lo deja ver Felipe Cazals en la película, de una forma tan cruda para decirnos que no hacen faltan los barrotes, que ya vivimos apandados en un suplicio en el que ni siquiera sabemos que estamos, estar preso es no tener sentido ni sentidos, no escuchar, no velar, ser indolente desde la punta de los dedos de las manos hasta los pies, no tener ni sístole ni diástole, pero mucho más feo que eso es no poder pensar, comportarnos como marionetas y ver y sentir lo que los poderosos dicen, para no asustarnos con la verdad, para no quedar mal, para ser un apandado y no saber que se es.

Los Apandados, tanto la novela como la película son dos elementos artísticos que duele cuando lo lees y duele después de verla.

Esta película da como resultado una posibilidad de acceder a la literatura de Revueltas pero con los elementos visuales de Cazals, son estructuras artísticas que juntas  dan un resultado peculiar en el que, como atinadamente se ha dicho, lo cruel de las miradas, lo crudo de la sangre y hasta el olor de la peste, se vive aún dentro del ambiente realista de “El Apando”, que refleja en imágenes un país fecundo y condenado a incurrir en la pena eterna del sufrimiento infernal teniendo una referencia moral en contra del sistema, del poder y del régimen.

En todos los elementos visuales se puede entrever muchos rasgos de corrupción y escases y habremos de ver entonces que el condenamiento injusto, tiene algo de mansa verdad en los castigos de una sociedad. Habla del amor de madre, de esas que apenas sonríen con dulzura porque se está triste y el cabello lo sabe porque empieza a encanecer, de las que tienen las piernas como cerradas por un gran secreto.

La historia girará entonces en una sociedad que reprime, censura, castiga y calla, en una celda de castigo donde Polonio, Albino y El Carajo viven más prisioneros que cualquier preso, conviviendo con los carceleros que aún no se han dado cuenta que también están encarcelados: “Monos, achimonos, estúpidos, viles e inocentes, con la inocencia de una puta de diez años de edad. Tan estúpidos como para no darse cuenta que los monos eran ellos y no nadie más, con todo y sus madres y sus hijos y los padres de sus padres. Se sabían hechos para vigilar, espiar y mirar en derredor, con el fin de que nadie pudiera salir de sus manos, ni de aquella ciudad y aquellas calles multiplicadas por todas partes…”.

Y así, todos los apandados buscarán evadir la realidad mediante la droga, como esta cosa que dará bienestar y placer que los dejará ser libres aun cuando estén encadenados.

“El Apando”, la película, hace temblar el preciso instante en que culmina, una sola mirada que no se puede leer, es la expresión del dolor que nadie siente, porque el dolor no tiene cara, solo llega, está allí, se siente pero no se puede expresar aunque  solo se quede parada, sola y sufriendo.

Considero nula la opción de que la película no cumpla los mismos trazos que el libro, incluso se sabe que es un trabajo acertado cuando en efecto, el filme arroja una visión ponderada y con suficientes matices para imponer una sentencia inapelable a los sentenciados.

No puedo terminar estas líneas sin mencionar que José Revueltas no sólo creó una historia más con su particular prosa, sino que volvió visible y le dio una voz pública al complicado sistema carcelario de aquella época, abriéndose camino así ya no solamente como el hombre con la reencarnación misma de la rebeldía, sino como al hombre rebelde en sus actos y revuelto en sus letras.




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