A
veces hago cosas de tal forma que me asusto terriblemente. Incluso ahora estoy
asustado de correr, y más que asustado un poco desconcentrado pues yo pensé que
me conocía bien, pero no, hoy sé que a pesar de todos los datos, los nombres,
las fechas, los libros y esas cosas que siempre voy a ignorar y que debo cargar
con esa pesadez que deja la ignorancia invernal, también tengo que aguantarme
esa sensación de ni siquiera conocerme yo.
Porque
eso de verdad que me deprime un poco, pues si algo debes de conocer a la
perfección en ese mundo y a pesar de cualquier cosa, es a ti mismo, a mi
parecer. Pero las personas hacemos cada cosa, pensamos cada situación, tomamos
decisiones en ciertas ocasiones que hacen que nos desconozcamos, y por tanto
entristecernos. Y no es que me deprima el no saberme como soy, sino me agobia
el hecho de pensar que lo sé, cuando no es así,
es como elevar en tu interior un edificio hecho de puras líneas
paralelas que nunca se van a tocar, y que con el paso del tiempo se van alzando
y creando pisos, uno, dos, tres, y se siguen elevando y creando más pisos, uno
tras otro y tras otro, incluso más alto que hasta parece un rascacielos que de
pronto, sin siquiera pensarlo, una línea recta converge, y arruina todo el
sistema arquitectónico que creías construir a la perfección dejando el
desasosiego del edificio de tu interior mal construido.
El
amor verdadero es aquel que te deja un dolor placentero en el interior que hace
que el edificio se caiga a pedazos y te corte las manos. Porque enamorarte es
una especie de acto, que dura un segundo, si, eso dura, solo un segundo basta,
es como construir un edificio y mira que para construir edificios hay muchas
maneras de hacerlo. Construir castillos en el mar, para que cuando la marea
suba se destruya todo lo que con ayuda de tus manos y espuma de mar, arena
salada y sudor veraniego, construiste, solo en un segundo se va, se fue. Por
otro lado, contratar a un arquitecto y que él con toda la gente que conoce y
con la cual se relaciona es su estrecho mundo arquitectónico y a la que le da
de comer, como lo hacen las gaviotas, masticando y masticando su alimento, que
luego escupen en la cara a los pollos, qué culpa tienen los pollos, que culpa
tienen los albañiles bajo el sol, cargando cubetas de tierra, construyendo una
casa que no van a vivir, sueños de otros sueños de otros mundo y en otras
tierras.
Puedes
ir caminando por la calle y ver a alguien a los ojos y enamorarte estúpidamente
sabiendo que jamás vas a volver a verla en la vida. O puedes ir al trabajo y
enamorarte de tu jefe y no decir nada, sonreírle, llevarle el café a la cama
(pero la realidad es que le llevas en café a su oficina) y quedarte horas
extras para verlo y recibir ordenes que con el gusto exquisito del masoquismo
laboral e infernal cumples con placer sentimental, y guardarte ese sentimiento
que va tejiendo pensamientos que, si los guardas mucho tiempo tienden a crecer,
y crecer, a mezclarse y luego empiezan a salirse de ti, y se salen sin permiso
por el lagrimal de tus ojos, los vomitas por la boca y te los tragas dejando un
sabor amargo al pasar de nuevo a tu estómago que en la noche, en tu casa los
irías a defecar en la gloriosidad de tu espacio intimo y personal, defecando
amor que nunca vas a admitir o tener y viceversa.
O
puedes simplemente enamorarte de tu mejor amigo, cosa que sencillamente resulta
ser mala idea pues son como dos mundos que se chocan al pasar muy juntos, son
dos estructuras muy distintas, que bien podrían ser una casa barroca y un
edificio minimalista que al verse juntos, y compartir lo que en sustancia son
lo mismo (simples estructuras arquitectónicas), lucen distinto, que te duelen
verlos juntos porque no deben de estar juntos, piedras falsas contra piedras
que pretenden servir para lo que por concepto están existiendo y que no pueden
amarse, es antinatural pues en ese aspecto del amor incondicional nadie debe de
meter sus manos, porque es como una estufa que da calor, que sirve para
calentar agua que no puedes disfrutar en tiempo de frio, o cocinar alguna cena
que no puedes comer, dejando el desazón de la amargura que te lleva a otros
lugares distintos con gente mala, alejándote de los que te hacen bien,
disfrutando (según) un ambiente distinto al tuyo con nuevas flores que si las
tocas se quiebran, queriendo regresar y que al hacerlo encuentras la casa
barroca y el edificio minimalista destruidos, encimados, como si alguien los
hubiera agarrado, metido en una caja de zapatos y agitado con tal fuerza que
queda una especie de masa que nunca vas a volver a poder armar como antes,
nunca más.
Enamórate
de tu madre que desde chico te dijo que te quedaras en casa, que nunca te
fueras de su lado, que nunca fueras una paloma y que te cortaba las alas de vez
en cuando para que no volaras. Porque así es ese amor, es el más puro y el
incondicional, que en medio del trafico si te vas se enojan y que te hecha la
culpa de que si llueve y te mojas, es culpa de ella aunque toda la culpa recae
siempre en ti, por no llevar el paraguas que no hay porque no tenemos dinero
Víctor, pero es tu culpa venir mojado. A ese amor aférrate todos los días, y
que te absorba y que te mate porque si mueres por ese amor de seguro vuelves a renacer
al segundo siguiente con todos tus recuerdos, eso se asegura, porque si tocas
las flores que te da ese único amor existente esas flores se multiplican y si
no lo hacen tiran esporas que se te meten por la nariz y llegan hasta tu mente
y te hacen cosquillas en la barbilla que te hacen estornudar y allí salen todas
las flores que no se multiplicaron de una manera tan exagerada, porque así es
ese tipo de amor, del de no te vayas nunca porque eres mi todo, pero te tienes
que ir algún día y me dejarás sola, vete Víctor, vete, pero no me dejes nunca.
Enamórate de tu madre y que te valga madres Edipo y toda la dinastía de relatos
que según otros son un sistema de explicaciones, de explicarte para que
expliques, aunque no sepan nada de nada pero ellos te explican lo que debe ser
explicado, y es una de explicaciones que a nadie le importa pero que si
importan al final, los papeles, las copias, las explicaciones, los collares,
los aretes, guárdalos junto con las fotos y las explicaciones de cómo cocinar
el arroz para que si un día no estoy Víctor, no te vayas a morir de hambre y
recoge esos zapatos que dejaste en la puerta porque eso es amor, del que no
construye edificios con alguna forma y valor definidos, pues no existe tal
manera material de representarlos, ni tal fuerza en las letras para
transmitirlo, pues los miércoles son miércoles y nunca se van a repetir, ni ese
ni este ni otro, ni este tipo de amor.
O
puedes caer en manos del amor de tu vida, con el que nunca vas a tener seguro
nada porque seguro nunca vas a saber en qué momento llega, te dice hola y se
va, te lo dice en inglés para que no le entiendas y te susurra que quieres que
duermas con él, a su lado, en francés para burlarse de ti, frases que no
entenderás, que tendrás que pedir explicaciones como todo en la vida, y otra
vez un hola y caras felices porque no está a tu lado, y luego se va y llega
alguien más, y llega otra vez el amor de tu vida porque los amores de la vida
de una persona son idénticos, eso pasa como cuando nacen gemelos que son
idénticos, que son niños y que tiene ojos cafés, pero te fijas en uno
solamente, en el ojo más café de los dos y te bebes ese café de los ojos, lo
bebes tanto que no te deja ni dormir porque nunca los haz visto porque la
tecnología te jugó una broma una vez y ahora no te deja salir de ella otra vez,
y te tiene esperanzado en una espera que llega como a las nueve de la noche y
se va en quince minutos, porque así es, porque hay que cocinar, pues el amor se
cocina lentamente y luego se va el gas y eso siempre es un fastidio, es un
monstro que llega te asusta, hace que el corazón se te salga como cuando
agarras esos cigarrillos que hacen que te rías mucho y te vas al ver a las
moscas volar tan cerca, y te sigues preguntando porqué sigues construyendo
edificios gigantescos dentro de ti, si sabes de arquitectura lo que sabes de
cocina, y esperas al cocinero que no llega y le dices que lo quieres aunque sea
la primera vez que lo veas, pero la primera vez será en cuatro años le aseguro
sabiendo que en menos de cuatro meses va a llegar el amor de mi vida de nuevo y
todo va a volver a empezar pero que este me avise, me mande un mensaje o un
correo, o al menos me diga en persona que él me compra los cigarrillos pero que
no me aleje de su lado, nunca más, porque los cigarros son formas suicidas de vidas
paralelas que han pasado años hasta que mueren por la llama que les quema la
puntita dándoles vida y sentido, mismo que desencadena un ir y venir de
espirales, de exhalaciones, de humedales y pensamientos para pasar el tiempo,
al menos, esas señales se pueden leer en mis ojos, porque soy fácil, viendo
como allá, en el quinto piso bajando el ascensor está en amor de mi vida, por
eso estoy aquí, sentado, escribiendo, esperando que baje, porque ya va en el
piso cuatro, en el tres, dos diccionarios, un corazón y antes de que se abra el
elevador me doy la vuelta y corro, porque como dije al principio, esto
asustado, muy asustado de los poemas, de contemporáneos que no conozco, de mis
pies que están cansados, de los recuerdos de todos los que me agobian y no me
dejan respirar y por eso no veo quien sale de ese ascensor o quién viaja en ese
avión, y solamente salgo corriendo tratando de que ninguna línea se salga de su
rutina, porque es mejor construir algo recto que vivir entre curvas y circuirlos
que nunca tienen final, sabiendo que si me hablas en francés voy a recordar esa
frase, o si me quieres mucho yo no te quiero nada, pero nadita, y sino me
quieres yo te doy mi todo, porque empecé a leer la biblia por ti y Jesús me
ayudaba a alzar mi cornamenta, pero luego se burló de mi y por eso se empolva
de nuevo, con mis viejos recuerdos, y suena el elevador y bajas el ascensor o
aterriza tu avión, pero no volteo, porque tengo miedo y uno no debe voltear
cuando está en ese estado (del miedo) o estando los estados emocionales todos
revueltos.
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