jueves, 7 de marzo de 2013

Estando los estados emocionales todos revueltos


A veces hago cosas de tal forma que me asusto terriblemente. Incluso ahora estoy asustado de correr, y más que asustado un poco desconcentrado pues yo pensé que me conocía bien, pero no, hoy sé que a pesar de todos los datos, los nombres, las fechas, los libros y esas cosas que siempre voy a ignorar y que debo cargar con esa pesadez que deja la ignorancia invernal, también tengo que aguantarme esa sensación de ni siquiera conocerme yo.

Porque eso de verdad que me deprime un poco, pues si algo debes de conocer a la perfección en ese mundo y a pesar de cualquier cosa, es a ti mismo, a mi parecer. Pero las personas hacemos cada cosa, pensamos cada situación, tomamos decisiones en ciertas ocasiones que hacen que nos desconozcamos, y por tanto entristecernos. Y no es que me deprima el no saberme como soy, sino me agobia el hecho de pensar que lo sé, cuando no es así,  es como elevar en tu interior un edificio hecho de puras líneas paralelas que nunca se van a tocar, y que con el paso del tiempo se van alzando y creando pisos, uno, dos, tres, y se siguen elevando y creando más pisos, uno tras otro y tras otro, incluso más alto que hasta parece un rascacielos que de pronto, sin siquiera pensarlo, una línea recta converge, y arruina todo el sistema arquitectónico que creías construir a la perfección dejando el desasosiego del edificio de tu interior mal construido.

El amor verdadero es aquel que te deja un dolor placentero en el interior que hace que el edificio se caiga a pedazos y te corte las manos. Porque enamorarte es una especie de acto, que dura un segundo, si, eso dura, solo un segundo basta, es como construir un edificio y mira que para construir edificios hay muchas maneras de hacerlo. Construir castillos en el mar, para que cuando la marea suba se destruya todo lo que con ayuda de tus manos y espuma de mar, arena salada y sudor veraniego, construiste, solo en un segundo se va, se fue. Por otro lado, contratar a un arquitecto y que él con toda la gente que conoce y con la cual se relaciona es su estrecho mundo arquitectónico y a la que le da de comer, como lo hacen las gaviotas, masticando y masticando su alimento, que luego escupen en la cara a los pollos, qué culpa tienen los pollos, que culpa tienen los albañiles bajo el sol, cargando cubetas de tierra, construyendo una casa que no van a vivir, sueños de otros sueños de otros mundo y en otras tierras.

Puedes ir caminando por la calle y ver a alguien a los ojos y enamorarte estúpidamente sabiendo que jamás vas a volver a verla en la vida. O puedes ir al trabajo y enamorarte de tu jefe y no decir nada, sonreírle, llevarle el café a la cama (pero la realidad es que le llevas en café a su oficina) y quedarte horas extras para verlo y recibir ordenes que con el gusto exquisito del masoquismo laboral e infernal cumples con placer sentimental, y guardarte ese sentimiento que va tejiendo pensamientos que, si los guardas mucho tiempo tienden a crecer, y crecer, a mezclarse y luego empiezan a salirse de ti, y se salen sin permiso por el lagrimal de tus ojos, los vomitas por la boca y te los tragas dejando un sabor amargo al pasar de nuevo a tu estómago que en la noche, en tu casa los irías a defecar en la gloriosidad de tu espacio intimo y personal, defecando amor que nunca vas a admitir o tener y viceversa.

O puedes simplemente enamorarte de tu mejor amigo, cosa que sencillamente resulta ser mala idea pues son como dos mundos que se chocan al pasar muy juntos, son dos estructuras muy distintas, que bien podrían ser una casa barroca y un edificio minimalista que al verse juntos, y compartir lo que en sustancia son lo mismo (simples estructuras arquitectónicas), lucen distinto, que te duelen verlos juntos porque no deben de estar juntos, piedras falsas contra piedras que pretenden servir para lo que por concepto están existiendo y que no pueden amarse, es antinatural pues en ese aspecto del amor incondicional nadie debe de meter sus manos, porque es como una estufa que da calor, que sirve para calentar agua que no puedes disfrutar en tiempo de frio, o cocinar alguna cena que no puedes comer, dejando el desazón de la amargura que te lleva a otros lugares distintos con gente mala, alejándote de los que te hacen bien, disfrutando (según) un ambiente distinto al tuyo con nuevas flores que si las tocas se quiebran, queriendo regresar y que al hacerlo encuentras la casa barroca y el edificio minimalista destruidos, encimados, como si alguien los hubiera agarrado, metido en una caja de zapatos y agitado con tal fuerza que queda una especie de masa que nunca vas a volver a poder armar como antes, nunca más.

Enamórate de tu madre que desde chico te dijo que te quedaras en casa, que nunca te fueras de su lado, que nunca fueras una paloma y que te cortaba las alas de vez en cuando para que no volaras. Porque así es ese amor, es el más puro y el incondicional, que en medio del trafico si te vas se enojan y que te hecha la culpa de que si llueve y te mojas, es culpa de ella aunque toda la culpa recae siempre en ti, por no llevar el paraguas que no hay porque no tenemos dinero Víctor, pero es tu culpa venir mojado. A ese amor aférrate todos los días, y que te absorba y que te mate porque si mueres por ese amor de seguro vuelves a renacer al segundo siguiente con todos tus recuerdos, eso se asegura, porque si tocas las flores que te da ese único amor existente esas flores se multiplican y si no lo hacen tiran esporas que se te meten por la nariz y llegan hasta tu mente y te hacen cosquillas en la barbilla que te hacen estornudar y allí salen todas las flores que no se multiplicaron de una manera tan exagerada, porque así es ese tipo de amor, del de no te vayas nunca porque eres mi todo, pero te tienes que ir algún día y me dejarás sola, vete Víctor, vete, pero no me dejes nunca. Enamórate de tu madre y que te valga madres Edipo y toda la dinastía de relatos que según otros son un sistema de explicaciones, de explicarte para que expliques, aunque no sepan nada de nada pero ellos te explican lo que debe ser explicado, y es una de explicaciones que a nadie le importa pero que si importan al final, los papeles, las copias, las explicaciones, los collares, los aretes, guárdalos junto con las fotos y las explicaciones de cómo cocinar el arroz para que si un día no estoy Víctor, no te vayas a morir de hambre y recoge esos zapatos que dejaste en la puerta porque eso es amor, del que no construye edificios con alguna forma y valor definidos, pues no existe tal manera material de representarlos, ni tal fuerza en las letras para transmitirlo, pues los miércoles son miércoles y nunca se van a repetir, ni ese ni este ni otro, ni este tipo de amor.
O puedes caer en manos del amor de tu vida, con el que nunca vas a tener seguro nada porque seguro nunca vas a saber en qué momento llega, te dice hola y se va, te lo dice en inglés para que no le entiendas y te susurra que quieres que duermas con él, a su lado, en francés para burlarse de ti, frases que no entenderás, que tendrás que pedir explicaciones como todo en la vida, y otra vez un hola y caras felices porque no está a tu lado, y luego se va y llega alguien más, y llega otra vez el amor de tu vida porque los amores de la vida de una persona son idénticos, eso pasa como cuando nacen gemelos que son idénticos, que son niños y que tiene ojos cafés, pero te fijas en uno solamente, en el ojo más café de los dos y te bebes ese café de los ojos, lo bebes tanto que no te deja ni dormir porque nunca los haz visto porque la tecnología te jugó una broma una vez y ahora no te deja salir de ella otra vez, y te tiene esperanzado en una espera que llega como a las nueve de la noche y se va en quince minutos, porque así es, porque hay que cocinar, pues el amor se cocina lentamente y luego se va el gas y eso siempre es un fastidio, es un monstro que llega te asusta, hace que el corazón se te salga como cuando agarras esos cigarrillos que hacen que te rías mucho y te vas al ver a las moscas volar tan cerca, y te sigues preguntando porqué sigues construyendo edificios gigantescos dentro de ti, si sabes de arquitectura lo que sabes de cocina, y esperas al cocinero que no llega y le dices que lo quieres aunque sea la primera vez que lo veas, pero la primera vez será en cuatro años le aseguro sabiendo que en menos de cuatro meses va a llegar el amor de mi vida de nuevo y todo va a volver a empezar pero que este me avise, me mande un mensaje o un correo, o al menos me diga en persona que él me compra los cigarrillos pero que no me aleje de su lado, nunca más, porque los cigarros son formas suicidas de vidas paralelas que han pasado años hasta que mueren por la llama que les quema la puntita dándoles vida y sentido, mismo que desencadena un ir y venir de espirales, de exhalaciones, de humedales y pensamientos para pasar el tiempo, al menos, esas señales se pueden leer en mis ojos, porque soy fácil, viendo como allá, en el quinto piso bajando el ascensor está en amor de mi vida, por eso estoy aquí, sentado, escribiendo, esperando que baje, porque ya va en el piso cuatro, en el tres, dos diccionarios, un corazón y antes de que se abra el elevador me doy la vuelta y corro, porque como dije al principio, esto asustado, muy asustado de los poemas, de contemporáneos que no conozco, de mis pies que están cansados, de los recuerdos de todos los que me agobian y no me dejan respirar y por eso no veo quien sale de ese ascensor o quién viaja en ese avión, y solamente salgo corriendo tratando de que ninguna línea se salga de su rutina, porque es mejor construir algo recto que vivir entre curvas y circuirlos que nunca tienen final, sabiendo que si me hablas en francés voy a recordar esa frase, o si me quieres mucho yo no te quiero nada, pero nadita, y sino me quieres yo te doy mi todo, porque empecé a leer la biblia por ti y Jesús me ayudaba a alzar mi cornamenta, pero luego se burló de mi y por eso se empolva de nuevo, con mis viejos recuerdos, y suena el elevador y bajas el ascensor o aterriza tu avión, pero no volteo, porque tengo miedo y uno no debe voltear cuando está en ese estado (del miedo) o estando los estados emocionales todos revueltos.

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