En
el futuro las noticias se olerán. Las de deportes olerán a pasto, a sol, a
sudor. Las notas rojas olerán a sangre. Las de sociales a vino y a mucho perfume
del que apesta. Las notas policiacas olerán a ignorancia y a ineptitud. Las de espectáculos
huelen a lo que huele la vecina chismosa, como a pollo, a verduras, yo que sé.
Las de política olerán, naturalmente, a mierda.
En
el futuro no existen los cines. Los tumbaron y construyeron restaurantes
porque, en el futuro, las películas se comen. La dinámica es la misma, en el
futuro llegas al restaurante, te sientas, eliges qué película quieres ver, en
qué idioma la quieres ver, que resulta ser muy importante porque del idioma depende
mucho el sabor. Yo recomiendo las italianas porque saben como a pizza, ahora
que si te gusta lo picante, prueba las mexicanas. El sabor igual depende del
género de película que ordenes. Las de romance llegan a empalagar al comensal, en
cambio las de terror dejan a más de uno con la boca abierta, pero no sé por
qué, porque nunca las he probado, me da un miedo terrible que me causen acidez.
Bueno, una vez que se eligen el género que se quiere ver, y el idioma en que la
quieres ver, puedes comértela. Dicen que también depende mucho el director de la
película y los actores principales. Yo una vez pedí una de Tim Burton y me supo
a chocolate.
En
el futuro la música se escucha ¿Qué? La música ha sobrevivido al futuro. En
cierta ocasión intentaron crear música que se inyectaba hipodérmicamente.
Fracasaron tremendamente ya que ocasionaba adicción. Se dice que en los países
bajos aún se produce este tipo de música que se inyecta y que causa adicción y
como está penado por la ley se ha vuelto un problema entre los
musicatraficantes y la ley. Cosa que ha dejado sesenta mil muertos y quién sabe
cuantos heridos y adictos más.
El
futuro es maravilloso.
El
futuro es el futuro.
Y
todavía falta saber,
Qué
nos depara el futuro.
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